-"Sabía que ella escondía algo... -dijo mi abuelo a ver la fotografía marrón que tenía entre las manos. -pero nunca imaginé qué podía ser."
Estrujó la imagen entre sus dedos hasta que quedó llena de arrugas.
Una lágrima corrió por sus mejillas y su mirada se tornó ausente.
Suspiró y se levantó del sofá.
De sus manos cayó la fotografía de la abuela Cathy, usando un sombrero blanco, que venía a completar el conjunto victoriano que portaba. Miraba fijamente hacia la cámara.
No sabía de qué hablaba el abuelo, pero su misterio me intrigaba.
Hurgué entre el resto de papeles que había en el baúl pero no encontré nada que ayudara a disipar mis dudas.
Desarrugué un poco la foto y miré a la abuela. La miré durante un momento a los ojos, que parecían querer decirme algo, pero nada logré.
Soñé con ella.
Soñé que estaba en un barco, haciendo el amor con un pirata español. Dios mandaba incendiar aquel barco, pero un águila gigantesca sopló a tiempo y salvó a los amantes que ardían en el camarote principal. Entonces Dios enfurecido, bajó del cielo y con una espada compuesta de cientos de escorpiones, partió en mil pedazos la embarcación, ahogándose todos los tripulantes. Aparecía el abuelo con una sonrisa de diamantes y Dios le guiñó el ojo izquierdo.
Desperté.
Escuché unos leves sollozos en el salón.
"Qué sueño tan extraño" -pensé, mientras me miraba al espejo y mi cara no era la mía.
Salí de mi habitación y me encontré caminando sobre la cubierta de un gran barco. Afuera, la abuela me esperaba, ataviada con un vestido típico de la época victoriana. Detrás, una bandera Totenkopf ondeaba con el viento...
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