En la recámara contigua hay cucarachas.
Las escucho trepar por las paredes, tratando de
asirse con sus manitas para no caer.
Cantan, bailan, platican entre ellas y ríen.
El vecino despierta y parece escuchar algo
pero no está seguro y vuelve a dormir.
Yo las escucho cómo callan cuando oyen
el rumor de las sabanas. Después siguen charlando
animosamente, hacen la lista del supermercado,
planean sus idas al cine, al teatro.
Son bichos muy organizados, nunca dan un paso
hasta estar seguros y aparte tienen un grupo de defensas
de lo más estables y resistentes.
Todo esto para decir que en la recámara contigua
hay cucarachas.
El otro día soñé con ellas. Me quedé dormida escuchando
sus diminutos planes mientras el vecino se removía
en su cama cuando parecía escuchar sus cuchicheos.
Por un momento había silencio, pero cuando volvía
a escucharse la respiración acompasada del inquilino,
ellas continuaban charlando.
Era divertido, aunque caí dormida y soñé que nos visitaban.
Entraban quedito por debajo de la puerta, pero como yo
las había estado escuchando desde antes, las descubrí
mientras intentaban ingresar sigilosamente. Entonces encendí
la luz y se quedaron impávidas ante aquel chorro brillante que
provenía de algún lugar mucho muy arriba de sus cabezas.
Me dirigí a la puerta y viendo que era imposible correr
hacia ningún lado, no hicieron más que quedarse paradas
como estatuas del período carbonífero. Pacientes me esperaron
hasta que llegué a ellas y las enfrenté.
¿Qué tramaban? ¿Para qué estaban ingresando tan cautelosa
y silenciosamente a la recámara? y así, una sarta de preguntas.
Ellas sólo se miraban en vez de responder y luego me miraban a mi.
Después miraban hacia la cama, donde mi pareja roncaba.
Yo volteé a ver qué miraban con tanta atención y al volver la vista
se habían fugado las muy cínicas.
Regresé a la cama y en mi almohada encontré un papel doblado
por la mitad. Lo extendí y encontré unas letras casi ilegibles, semi
imperceptibles, escritas con algo parecido a la tinta vegetal que utilizan algunos
pintores en sus dibujos, y los trazos eran demasiado finos y temblorosos.
El papel decía que necesitaban a mi novio y nada más.
Lo usarían para un experimento en la base extraterrestre BF670Z
que se ubica en.. bla, bla, bla...
No leí más y arrugué el papel. ¡Pamplinas! Me dispuse a dormir nuevamente.
Agucé el oído para ver si alcanzaba a percibir más planes pero no.
Alrededor de las 3 a.m. me venció el sueño y aproximadamente
dos horas después sentí cómo mi novio se deslizaba por la cama
muy lentamente. Me incorporé pero él estaba dormido y sin embargo,
ya iba a media cama. Me asusté y lo jalé de nuevo a su sitio.
Así sucedió dos o tres veces hasta que ya era de día.
Día uno: superado.
Temía que llegara la noche y en algún momento despertar y
ver su lugar vacío.
No pude dormir durante siete noches seguidas, mientras en algunas
de ellas se volvía a repetir la escena pasada.
Después de los siete días que no pude dormir bien, ya tenía unas
ojeras bastante visibles y horribles, mi estado de ánimo no tenía
remedio y entonces tuve que contarle a mi novio.
No se lo creyó y él siguió durmiendo igual de tronco que siempre.
Pero curiosamente desde ese día nunca más volvió a suceder
aquel hecho tan sorprendente.
Transcurrieron quince días sin que las escuchara.
Hoy volví a oírlas del otro lado de la pared.
Ahora decían que debido al éxito no obtenido,
se llevarían al perro de la señora del otro lado.
Bien, me dije. Me eché encima la cobija y pude recuperar
mi buen sueño, hasta ahora perdido.
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