Volvió a prender su celular un día después de volver de su clase de danza.
A los 5 minutos tenía en la bandeja 28 mensajes de Luis.
La curiosidad pudo más y los leyó todos. Los primeros eran preguntando a dónde se había ido y porqué no estaban algunas de sus cosas en la casa. Los demás eran para rogarle que volviera, o que por lo menos le dijera cuál había sido su error.
No respondió, los seleccionó todos e hizo limpia de bandeja.
Lo apagó y lo escondió debajo de las almohadas, para vencer la tentación más fácilmente.
Al día siguiente tuvo el impulso de tirarlo al cubo de basura, pero se aguantó.
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