(I)
Rumores lejanos de quien cree tenerlo todo, sin saber del miedo a sí mismo. Me veo al espejo y digo: ¿Éste soy yo? ¿Soy yo el que grita mientras duerme? ¿Qué semilla tan terrible ha sido sembrada en mi, desde tiempos pasados?
Me miro nuevamente y unas lágrimas acuden a mis ojos.
Veo mi rostro demacrado, tan maltratado por el tiempo, tan macilento y envejecido que siento lástima de mí mismo. Vuelvo a renacer de entre las cenizas del volcán que la falta de ti ha apagado.
Sin dudarlo, me dirijo al balcón. Desde aquí puedo observar a lo lejos, las señales que ha dejado el humo de tu ausencia.
Tus telepatías intermitentes me dejan en la boca el sabor del ocre quemado y el río de sinsabores que produce el saber qué decir pero no decirlo en el momento oportuno. Tus notas sueltas me lanzan con furia al suelo y no sé qué hacer para evitarlo.
Creo que voy a desfallecer.
(II)
He vuelto. Resurjo de las sombras. Aparezco entre paréntesis en tus días. Me gustaría ser parte de tus letras y no sólo un punto y seguido. Me encantaría ser tu farol sexy cada noche, tu anuncio neón, tu algarabía palpitante, tu compañía incandescente. Quisiera velar tu sueño y cuidarte de los fantasmas mientras me abrazas; hacerte piojito y llorar sobre tus cabellos. Acariciar tu rostro de bebé dormido y besar tus ojos cerrados al ritmo suave de tu respiración.
Quisiera que las lágrimas no me delataran y que el nudo en mi garganta no me impidiera hablar para decirte claramente cuánto te quiero..
(III)
Se cierra el telón.
Hasta la próxima.
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