26.10.11

Soliloquio del silencio I

(I)

Vagando inútilmente al caer la tarde, escucho ecos estentóreos clavados con lágrimas en las paredes de tu habitación sin ti. 
Rumores lejanos de quien cree tenerlo todo, sin saber del miedo a sí mismo. Me veo al espejo y digo: ¿Éste soy yo? ¿Soy yo el que grita mientras duerme? ¿Qué semilla tan terrible ha sido sembrada en mi, desde tiempos pasados? 

Me miro nuevamente y unas lágrimas acuden a mis ojos.

Veo mi rostro demacrado, tan maltratado por el tiempo, tan macilento y envejecido que siento lástima de mí mismo. Vuelvo a renacer de entre las cenizas del volcán que la falta de ti ha apagado.
Sin dudarlo, me dirijo al balcón. Desde aquí puedo observar a lo lejos, las señales que ha dejado el humo de tu ausencia.
Tus telepatías intermitentes me dejan en la boca el sabor del ocre quemado y el río de sinsabores que produce el saber qué decir pero no decirlo en el momento oportuno. Tus notas sueltas me lanzan con furia al suelo y no sé qué hacer para evitarlo.
Creo que voy a desfallecer.

(II)

He vuelto. Resurjo de las sombras. Aparezco entre paréntesis en tus días. Me gustaría ser parte de tus letras y no sólo un punto y seguido. Me encantaría ser tu farol sexy cada noche, tu anuncio neón, tu algarabía palpitante, tu compañía incandescente. Quisiera velar tu sueño y cuidarte de los fantasmas mientras me abrazas; hacerte piojito y llorar sobre tus cabellos. Acariciar tu rostro de bebé dormido y besar tus ojos cerrados al ritmo suave de tu respiración.
Quisiera que las lágrimas no me delataran y que el nudo en mi garganta no me impidiera hablar para decirte claramente cuánto te quiero..

(III)

Se cierra el telón.
Hasta la próxima.

No hay comentarios: