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oy desperté con la sensación de que estabas a mi lado. Alargué el brazo para comprobarlo y, en efecto: estabas ahí, durmiendo a mi lado, compartiendo mi despertar. Te abracé hasta que mi ilusión se desvaneció en un suspiro.
La visión duró realmente muy poco, pero me impregnó de su aroma el día entero. Me inundó de entusiasmo y mi corazón aún salta de alegría. Mira, ahora está tarareando alguna cursi cancioncilla.
¡Ah! Dice que te envía besos rositas y fragantes.
Te quiero porque me inspiras ternura. Me inspiras serenidad, confianza y mil cosas más. En tu regazo quiero quedarme y que ahuyentes a los fantasmas alguna noche terrorífica en que sienta temor.
Te quiero porque en ti he aprendido a apreciar cada detalle oculto en una simple palabra.
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