Quisiera no extrañarte tanto cuando son las tres y cuarto e intento dormir. Quisiera que las estrellas del techo no murmuraran día y noche tu nombre. Quisiera que las lágrimas no escurrieran por mi cara dibujando tus manos, esas manos que amo tanto.
Y que cuando den las cuatro y el cansancio esté por vencerme, tu recuerdo no venga a sabotear mis sueños.
Me traje tantas cosas tuyas... Que no soporto verlas.
Todo huele a ti. Todo sabe a ti. Todas las cosas me dicen que fue un gran error. Pero sé que es muy tarde para lamentarse o siquiera para decirlo. Intentaré detener mi vida un momento para ver si te miro pasar. Para observar desde acá la magnificencia de tu brillo.
Tú que todo lo adornas con tu gracia y tus virtudes, tú que eres paz y serenidad, ayúdame a salir de aquí. Ayúdame a superar estas oscuridades sin temor. Ayúdame a ver el lado brillante de la vida, Ayúdame, por favor.
Él no la ha olvidado y me miente. Él la conserva dentro de sí y dentro de todo. Yo sólo soy una vagina más (como él mismo lo mencionó en una ocasión) dentro de la extensa lista de su cuerpo.
Él cree que vive con un bloque de 26 x 14 x 7.
Él, que me miente y lo niega. Él, que hace un mundo a mis espaldas...
Él es mi compañero.
Quiero huir.
¡Vámonos!
Vámonos lejos, donde el cielo se funde con el mar y las playas son paraísos desiertos.
Vámonos allá donde las personas caminan con la boca y hablan de cabeza, donde las olas del mar conviven con las personas y el azul del cielo pinta cientos de colores para
Vámonos a vivir lejos de aquí.
Donde nadie me encuentre y el sol sonría por las mañanas, del brazo de alguien más.
¡Vámonos!
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