28.11.11

No es otra historia de terror.

Hola Señor Daniel:

Por lo que veo su nombre es algo común pues en mi vida me he encontrado con varias personas llamadas como usted: un tío, unos primos, muchos compañeros de escuela, vecinos, un novio y usted.
Pero hoy quiero hablarle del novio Daniel que yo tenía. (Si no le importa, claro).
Verá… En el año 2010 entré a trabajar a una empresa que se llama Cotton Republic, eso fue en el mes de Julio. Para Febrero del año en curso, entró a la empresa un chico (que es el que le menciono), como asistente al área de embarques. Al principio no lo noté, pero poco después con las constantes llamadas al área, comenzamos a hablarnos. Primero sólo lo estrictamente necesario. Después un poco más hasta que llegó el día en que salimos por primera vez, fuera de Cotton. Recuerdo que era un domingo bastante caluroso, yo tenía que ir a comprar unas tenazas para el cabello y habíamos estado platicando por la tarde vía chat y de pronto –no sé cómo pasó- lo invité a acompañarme; aceptó y nos vimos momentos más tarde en la plaza comercial. También recuerdo que reímos mucho –o creo que sólo yo, porque él era callado en ese entonces- y hablamos mayormente de trabajo, cosas banales. Esa fue la primera vez.
En otra ocasión, era viernes y las chicas querían ir a algún lado después del trabajo: yo lo que quería era verlo. Por alguna extraña razón que desconozco, me hacía sentir bien estar a su lado. Entonces, lo invité. Él estaba aún trabajando y me dijo que haría algunas horas extra porque había un pedido que urgía ser entregado a la brevedad. Me desconsoló eso un poco, pero no desistí: convencí a la del coche que lo lleváramos (para que pudiera venir y estar conmigo un rato). Resulta que nos acompañó pero estaba serio y distante. Su actitud me hacía dudar acerca de lo que mi sexto sentido me indicaba, pero poco después descubrí que no me equivocaba, sólo había sido una falsa alarma. Esa noche estuvimos más cerca que la vez anterior y eso –secretamente- me gustaba. Más tarde lo llevamos a su casa y así terminó ese fin de semana.
Su estado sentimental no era muy bueno, lo cual se notaba desde que uno platicaba por vez primera con él, pero al parecer era bastante seguro de lo que hacía y eso me daba una sensación de seguridad y confianza en él. Creo que confié demasiado.
Poco tiempo después, volví a invitarlo (creo que fue la semana siguiente). Volvió a aceptar. Esta vez estuvo menos callado, menos serio, menos distante y mis noches eran pura alegría. ¡Compaginábamos tanto!
Debo confesar que en ningún momento pasó por mi mente llegar a formar una relación con él. La gente me decía de broma y yo lo negaba contundentemente. Él era alguien que me llamaba la atención por su manera de ser, pero yo lo consideraba sólo mi amigo y tal vez por esta razón es que siempre lo negué categóricamente.
Pasaba el tiempo y las charlas se volvían interminables, el camino a casa estaba plagado de él, el teléfono sonaba a él y de pronto todo se volteó hacia el lado del amor y empezamos a escribirnos cosas por el estilo… Al volver a casa corría para encontrarlo en el chat y sentirlo cerca de mí nuevamente. Él llenaba mi vida de una sensación contenta, de mariposas el estómago, de alegría cada hora del día. Despertar con sus mensajes era algo increíble, acostarse por la noche con sus mensajes era lo mejor que había en este mundo, al menos para mí.
Todo esto pasaba y los días volaban en el calendario. Se me hacía tarde por las mañanas para llegar a verlo, para poder escuchar su voz del otro lado del teléfono, para poder verlo pasar frente a mí al ir a entregar cualquier papel a la oficina que yo tenía enfrente. Él me esperaba por la mañana y entonces todo el día me la pasaba despidiendo aromas enamorados, en mi cabeza se peleaban las cosas del trabajo y su recuerdo. Siempre ganaba él. Pero yo tenía que estar alerta ante los asuntos del trabajo. En fin. Mis días estaban impregnados de su persona hasta la médula y eso me volvía feliz, muy feliz.
A pesar de eso, aún no pensaba en nada con él, más allá de amistad. Aunque todo lo indicara, yo lo seguía negando, pues eso no estaba dentro de mis planes. Era mi amigo y nada más.
El tiempo pasó y llegó el día en que comencé a sentir por él justo lo que todos me decían. Descubrí que quería tenerlo en mi vida no sólo como un amigo más. Y la carrera comenzó. Confieso que todo sucedió antes de lo esperado, pues el día menos pensado me pidió que fuera su novia. Ese fue el día más feliz de todos. No sabría decir con precisión el porqué.
Él era todo lo que yo siempre había estado esperando en una pareja. Sus letras me enamoraron, su persona me hechizó. Ese hombre con pinta de vagabundo de neoyorquino, ese hombre misterioso, su sensibilidad al arte, todo en él era poesía. No podría describirlo de otra manera, pues así exactamente es como sucedió.
Durante un tiempo fui la pobre tonta más feliz del planeta. Hasta las nubes me tenían envidia. El cielo me miraba con celos y yo ni siquiera volteaba a verlo. Caminaba sobre algodones rosados cuando iba de su mano. Íbamos a su casa, comíamos juntos, retozábamos cada que había oportunidad, bromeábamos, nos besábamos, nos acariciábamos… Todo el día era completamente mío y yo regresaba a casa queriendo más y con la sensación de que no quería que se fuera. Por lo que le propuse alguna vez que nos fuéramos a vivir juntos, para que así jamás tuviéramos que irnos uno del lado del otro. Al parecer le entusiasmó la idea y nos pusimos a trabajar en ello.
En algún momento todo cambió. Comenzó a escribirse con sus amigas, las contactaba por celular, por Facebook, por twitter… y siempre lo negaba. A pesar de que yo lo descubría en sus mentiras, siempre lo negaba. En mi corazón comenzó a abrirse una grieta incurable. Día y noche sangraba y llegó incluso a segregar pus algunas veces. Sus acciones empezaron a regalarme sombras que jubilosamente se arrellanaban en lo más hondo de mí. Diario luchaba brutalmente contra ellas, ¡¡yo sólo quería que se fueran!! El tiempo seguía corriendo, furioso, impetuoso, imparable. Cada día la grieta crecía. En momentos parecía querer sanar, pero nunca lo conseguí. Todos los días estaban llenos de aguaceros de mensajes que no eran para mí, iba al cyber a conectarse para platicar con ellas. Empezó a hacer cosas a escondidas y después cuando yo le reclamaba, me decía que yo tenía un problema, que estaba loca, que seguramente me encantaban las sombras y que por eso YO LAS CREABA!! ¿Puede creerlo Señor? QUE YO LAS CREABA para estar a gusto, dentro de la zona de COMODIDAD!! que ellas me proporcionaban!! Válgame, pero esto sí que es una estupidez. Pero bueno, yo para no discutir más, mejor callaba. Siempre era lo mismo cuando peleábamos, si hablaba me iba peor, así que mejor callaba y me aguantaba lo que tenía que decirme por ello. Siempre me reprochó que no hablara cuando él me estaba atacando, pero nunca me ha gustado decir todo lo que estoy pensando justo cuando alguien me ataca, y prefiero callar porque lo que uno dice cuando está enojado es más malévolo que cualquier otra cosa; todo lo que decimos cuando peleamos tiende a causar el mismo efecto dañino que un clavo en un madero: deja una huella imposible de revertir. Por eso callo, pero él no lo entiende. Él opta por insistir que tengo problemas psicológicos y que debo atenderme. Que no vivo feliz sin estar con un pretexto que me haga quedar como la víctima de la historia.
Él guarda cosas de su mujer, recuerdos, no sé para qué. Esta y otras cosas hacen que me sienta que no está del todo conmigo. Ahora que hago una remembranza, creo que nunca lo he sentido enteramente conmigo, es decir, como que sólo una parte de él está conmigo y otra parte en no-sé-dónde. Yo no guardo nada de nadie del pasado, considero que si algo acabó en algún momento, es porque ya no hay marcha atrás, allá quedó él junto con todo lo que pudiera recordármelo. Yo sí tomo en serio los finales. Pero creo que no soy suficiente para él y por eso siempre tengo que estar a la sombra de otras personas. Ya nunca me comenta para decirme cosas bonitas, sólo me ataca y se da baños de pureza para que lo compadezcan y digan que soy una bruja malvada. Sus pensamientos nunca están conmigo, siempre volteo a mirarlo y está pensando en mil cosas, después, cuando se lo hago notar, me dice que no trate de entenderlo, que él es así y que ni él mismo se entiende…
Llevo contando los días en que no me dice un Te Amo sincero, voy contando los días en que se mensajea con alguien y me miente. Llevo contando los días en que no me recuerda a aquél del que me enamoré. El otro día se largó cuando yo me sentía terriblemente mal y no le importó, sólo dijo que estaba según muy preocupado y que si lo necesitaba se vendría como de rayo, según dijo que no estaba a gusto allá conmigo enferma acá, pero obviamente cuando lo necesité realmente pues estaba que me moría, jamás respondió los mensajes. Se terminó el saldo hablando con alguien más y yo, como era de esperarse, le valí un pepino. Un día antes se había estado escribiendo con alguna amiguita y mintió diciendo que era con su papá, con su hermano, con Brenda (una ex compañera de Cotton). Por mis propios medios supe que no era ninguno de los tres y era alguien a quien había invitado a la firma de autógrafos a la que se fue más tarde, a la cual le puso el nombre de “señora Mary”, como si yo fuera una estúpida más. Hasta hoy domingo, no me ha dicho quién era. Y así no quiere que dude, aún así le parece irracional que yo tenga sombras. ¡¡¡AUN ASÍ SE MOLESTA PORQUE NO CONFÍO EN ÉL!!!
Usted analícelo, por favor. Y dígame: ¿le parece que es el mismo del que le platiqué al principio?
Yo he llegado a la conclusión de que me lo cambiaron algún día que me dormí y cuando desperté ya estaba a mi lado el farsante que quiso hacerse pasar por mi novio.
Usted ayúdeme a buscarlo!! Por favor, no sé dónde se perdió. Por favor, encuentre a aquel hombre del que me enamoré. Aquél que me decía ‘te quiero’ con la mirada, con un simple gesto, aquél que no me regalaba sombras, aquél que no se molestaba con cada cosa que yo hacía, con cada cosa que le decía, aquél que me abrazaba sinceramente cada que lo hacía, aquél que era la luz fluorescente de cada una de mis horas… Aquél hombre llamado Daniel, que me enamoró con sus versos y sus poesías. Aquél hombre que amé y que extraño tanto..

No hay comentarios: