21.1.12

Caídas

Dicen por ahí que si la vida te da mil razones para llorar,
le demuestres que tienes mil y una razones para sonreír.

Yo digo que la vida no da razones para llorar,
uno mismo las crea con temores e inseguridades.

A veces, las personas a las que amamos actúan 
de formas incomprensibles, que nos duelen
y provocan que nos sintamos tristes. 
Esto es porque creemos que no es justo y que
lo hacen para dañarnos.
A veces lo es y a veces no.
Pero el dilema está en ¿cómo saberlo?

La mejor solución es hablar y no quedarse callado.
Hablarlo y decir lo que duele, lo que gusta y lo que no.
Sé que en algunas ocasiones es difícil hacerlo, 
y se agolpan las palabras al fondo de la garganta
provocando un nudo doloroso y horrible, impidiendo
que salgan a la luz, y causando en vez de palabras,
un terrible llanto.
Lo sé porque lo he vivido y sé que es aterrador.
Al final, todo termina mal y queda la sensación 
de haber podido hacerlo y quizá no hubiera terminado así.
Sabiendo de sobra que el hubiera no existe...

Les aconsejo. Es lo mejor.
Hablar. Antes que no haya más por hacer.
Antes que las sombras invadan la existencia
y apaguen el amor.
Antes que sea tarde..

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