Crea sueños de aventura y se deleita
entre cascabeles con glitter y serpentinas.
Sueña al lado de su duende preferido
que aunque no existe, le sonríe agradecido.
Compone coplas para los enamorados
que yacen en una cama, acurrucados.
Canta la poesía que mana de sus labios
para perfumar el cielo de todos los sabios.
Ríe a menudo y contagia de alegrías
el alma de su viejo amigo, Jeremías.
Su corazón es un rincón donde caben las sonrisas,
y la poesía es un latido infinito, sin prisas.
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