Fuimos como un atardecer de otoño.
Fuimos como una lluvia matutina.
Fuimos lo que hoy no somos y que pudimos ser.
La penumbra se gestó en un rincón oscuro,
justo al lado de la nada, a la vuelta de nuestras jóvenes ilusiones.
Floreció, creció como las olas del vasto mar.
Se irguió altanera entre las demás, sabiéndose única.
Un día, llegó sin aviso previo el ocaso maldito.
Nuestra penumbra se vio rodeada de feas marionetas,
espectrales siluetas, piltrafas burlonas de un pasado dorado.
Nos dejamos envolver por su nimbo hediondo y silente.
Hoy, se escuchan los ecos decididos, los pasos seguros,
las palmadas inequívocas del retorno.
Hoy, vuelve con la confianza de no volver atrás.
¡Bienvenida, Penumbra!
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