28.1.12

Sueños tangibles

Anoche tuve un sueño.
No fue un sueño normal, como esos que se sueñan normalmente,
a veces a color y a veces en blanco y negro.
No, éste era distinto.
Era un sueño tan real, que me dejó cicatrices.
Anoche soñé con un caudal de caricias
que se deslizaban voraces por mi piel, como
un torrente sin freno, como un río de miel.
Soñé que un dragón vestido de rojo
pintaba con su lengua cientos de símbolos
sagrados sobre el borde de mis ojos.
Que un unicornio tornasol me regalaba
una sonrisa envuelta en papel celofán.
Que un hada confeccionaba un vestido
cristalino con mis cabellos y tejía telarañas
sobre el embaldosado de la sala.
Afuera, una luciérnaga tocaba un buen son
con su trompeta y los ruiseñores colorados
vendían fruta, montados en carruseles.
Una anciana sonreía y acompañaba el buen son
con su violín, rodeada de mariposas.
El buen sol brindaba alegrías a todos los asistentes,
mientras los pajarillos se posaban en mis hombros,
sonrientes.

Y así transcurrió el día, hasta que el rey, exhausto, cerró los ojos.
Los rumores nocturnos despertaron y el cielo se encendió.
Miles de estrellas titilaban inmersas en la densa oscuridad.
El cielo negro aumentaba su resplandor y ellas,
sabiéndose bellas, alegres danzaban.
Un tranvía atravesó el cielo, llenando la noche
de un destello de mil colores.
El orfeón de grillos engalanaba las sombras
soberbias que la Luna esbozaba sobre el bosque.
La comunidad de elfos celebraban al dios Baco
con bailes exuberantes, y congregaban felices a todos
los habitantes.
Pasó la noche y ésta dio paso al día.
Los residentes noctámbulos soñaban con poesía
sobre la copa de los árboles y sonreían.
El rey volvió a extender su amplia sonrisa
sobre el campo silente y depositó un beso en mi frente.
Envuelto en una rama, orgulloso, un faisán me guiñó un ojo.

Como una visión borrosa, mi sueño se desvaneció
y se convirtió en existencia, espejo pasajero de las penas.
Sonreí.

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