Era de noche. El viento silbaba tenebrosamente entre la espesura y Andy no recordaba con seguridad por dónde había venido. Temía estar perdido. Comenzaba a sentir frío y algo de miedo. A lo lejos escuchaba las risas mecánicas de los juegos que habían instalado en la feria para la celebración de Halloween, pero debido al fuerte viento, no sabía con certeza de dónde provenían.
Volvió a llamar a sus amigos a gritos pero nadie respondió. Siguió caminando entre la negrura. Tropezó varias veces y sus piernas y sus manos sangraban. Además se había abierto una herida en el codo que le sangraba profusamente y le ardía. Tenía ganas de llorar pero se aguantaba como los machos.
De pronto, el viento cesó y sólo oía el sonido de su cuerpo cayendo nuevamente entre las ramas secas o sus pasos al andar.
Poco después llegó a un claro del bosque y percibió un leve aroma. Olía como el cabello de su hermana aquella vez que él le quemó un mechón. Ese día su mamá le había dado una paliza que todavía le dolía cuando lo recordaba.
Se sentó y se recargó en un árbol a descansar y un leve sopor se apoderó de él. Su cabeza daba vueltas debido al cansancio y al hambre. "¿Dónde habrán ido todos?" Fermín y Pablo llevaban los víveres y a él y a Juan les habían cargado las demás cosas. Iban caminando con un mapa en la mano, que los llevaría al sitio que el viejo les había indicado y de repente, todos habían desaparecido, quedándose solo a medio bosque. Abrió la mochila y buscó sobras de torta, galletas o algo parecido para comer, pero nada. Comenzó a sacar lo que llevaba. Un cuchillo, unas velas gruesas, una cuerda, un lienzo de tela blanca, alambre enrollado, pintura blanca y roja, dos ganchos y una gran calabaza. "Con razón me dolían los hombros".
El sopor de antes fue aumentando hasta que cayó dormido.
Lo despertó el frío y observó a sus amigos vestidos de negro, en un ritual dónde él era la ofrenda para las brujas caníbales. Todos tenían una vela encendida entre las manos. No entendía nada. Su cuerpo estaba pintado totalmente de blanco, sólo los pezones, fosas antecubitales y el pubis de color rojo sangre. Estaba amarrado de pies y manos, cual hombre de Vitruvio, y en la boca un trozo de tela para impedir que gritara.
A una señal de Fermín, una gran bruja negra bajó volando del cielo y extendió sus alas frente a él, mostrándole los filosos colmillos, los cuales encajó en los sitios pintados de rojo. Sobre su cabeza comenzó a balancearse la calabaza, que pendía de una cuerda amarrada de dos árboles y que ahora tenía ya unos orificios en forma de triángulo en los ojos y una linea gruesa y sinuosa en lugar de la boca. Todo le dolía, parecía que le habían propinado una buena paliza antes de despojarlo de sus ropas y pintarle el cuerpo. Ahora también le ardían las partes donde la cosa esa le había mordido. Había comenzado a marearse.
La bruja salió de entre los árboles gritando y escupiendo y todos cruzaron el claro, desapareciendo tras de ella.
Empezó a llover a cántaros. De todas partes surgían gritos, la tierra temblaba y estaba ardiente. Risas. Más gritos. Caos. Confusión.
Un río de sangre emanaba de sus heridas y se confundía con la lluvia que danzaba en el lodo. Un gran relámpago iluminó el cielo y la calabaza naranja comenzó a reír cínica y horrorosamente y se abalanzó sobre el cuerpo tembloroso de Andy.
Al día siguiente, una brigada de rescatistas encontró el cuerpo mutilado y sin vida de Andy: nunca se encontró su cabeza, en lugar de la cual había una calabaza sonriente de noche de brujas...
3 comentarios:
Este me ha gustado mucho.
Jejej, un poco sangriento :)
La calabaza del día de los muertos
La calabaza del día de los muertos
canta canciones de amor con fantasmas
y también con algunos esqueletos
que tocan los tambores con sus almas.
Visten a los espectros con moñitos
coloridos y pintan los sabores
de la muerte con dulces y gorritos
de cartón celebrando sus favores.
La calabaza del día de los muertos
desviste paladares fanfarrones
y pinta las sonrisas en caretos
lúgubres, amargados y gruñones.
Canta canciones de amor con fantasmas
que tocan los tambores con sus almas.
Esta es mi parte sonetera. Un beso. Tu historia es encantadora y me dio miedo... Un besooooo.
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